De donde vino ese ataque de racionalidad que nunca tuvo, de donde salió tanto dolor, porque jamás pregunte, quizás por el miedo de escuchar aquello que no deseaba oír, ese miedo absurdo que carcome tu alma y paraliza tu cuerpo, mis horas contigo no fueron espacios muertos, ya no me volcare a comerte a besos, ya no me perderé en tus manos, ya no me perderé en tu cuerpo, mi amor por ti no fue más que un maravilloso sueno perdido en el pozo de los deseos
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