Si éramos solo tú y yo prolongando en un beso nuestro encuentro, eran nuestros cuerpos los que se deseaban y dejaban tras su rastro el sudor del amor, de la pasión y la entrega. Eran mis labios los que dibujaban tras de sí tu silueta y era la noche la única cómplice cuando yo ardía de pasión perdiéndome en tus manos.

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